EEUU vs China, el conflicto permanente continúa. Es pronto para pensar cómo quedará el mundo cuando éste todavía está ganando batallas contra un enemigo global e invisible, pero no la guerra. ¿Cómo se describirá la recuperación posterior a la recesión que, con toda certeza nos visitará durante el primer semestre de este aciago año bisiesto? ¿Será el fin de la globalización y del capitalismo liberal como ya auguran algunos analistas? ¿Sobrevivirán las democracias a los populismos? ¿Será el mundo más sostenible y, a partir de ahora, trataremos mejor a nuestro planeta? ¿Qué nuevas alianzas se forjarán?

Son preguntas que se irán contestando con el tiempo, aunque algunos profetas se están atreviendo a definirlas sin tener en cuenta que el futuro no está escrito y que va a depender de nuestro trabajo y de nuestras actitudes. Lo que tenemos, hasta ahora, es un país, como China, que está ganando la batalla y parece que también la guerra a un enemigo que nació en su seno y lo exportó y que, no obstante, le ha dejado con menos heridas y bajas que al mundo supuestamente desarrollado. La actividad económica en este país, tras desplomarse en febrero se ha recuperado con fuerza en marzo. En EEUU, por oposición, la cifra de parados ha aumentado en 15 millones de personas en solo tres semanas. Todas las crisis sanitarias son, por definición, transitorias, pero la prolongación de la transitoriedad aquí cuenta y mucho, al destruirse, persistentemente, empleo, empresas y producción. Aunque las noticias sobre el control de la pandemia en este país son prometedoras, la cifra de afectados supera el medio millón y sigue. La evolución de los mercados financieros ha sido también dispar y, si nos atenemos a lo ocurrido en lo que llevamos de año, favorable a China. La Bolsa de Shanghai se deja un 8% en el año. Y la americana en torno a un 15%, y eso recogiendo ya el repunte de las dos primeras semanas de abril. La recuperación del precio del petróleo, por el acuerdo al que han llegado Arabia Saudí y Rusia para recortar la producción y ajustarla a la demanda real, favorece sobre todo a las empresas energéticas americanas y perjudica a China, porque es importador neto, aunque no hay que olvidar que la caída de precio de esta materia prima en 2020 es todavía superior al 50%. En el conflicto permanente entre los dos países, EEUU y China, parece que este último se adelanta y, luchando contra un mismo obstáculo, sale mejor parado. Si el centro del mundo ya se estaba desplazando hacia Asia, es indudable que esta crisis aproxima aún más el objetivo de China de convertirse en la potencia mundial por antonomasia. Hasta aquí la evaluación de daños. La pregunta que surge es, ¿serán suficientes las medidas implantadas por el gobierno y la Reserva Federal para minimizar la destrucción causada? Nosotros creemos que sí y que van a poner a la economía americana en la senda del crecimiento de nuevo. Tendrá que redefinir las cadenas globales de suministros y la idea misma de globalización, porque la dependencia de un único productor se ha revelado una debilidad insuperable. Más duda suscita la profecía del fin del capitalismo o de la democracia, como en su día pasó con el fin de la historia, pero dependerá de las decisiones que se tomen a partir de este momento. Ninguna epidemia ha cambiado el signo de la historia, pero sí que puede acelerar procesos ya en marcha. Es el conflicto permanente entre las dos superpotencias. Continuará…